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ESTRELLAS FUGACES

Nos complace sobremanera, volver a contar con un gran artículo de José Francisco Mendi, Presidente de la Asociación Aragonesa de Psicología Deportiva, que como siempre, ha aceptado a colaborar con ésta casa, y a quien agradecemos enormemente sus interesantes puntos de vista

 

                          ESTRELLAS FUGACES

 

      Aragón es la comunidad autónoma que posee más licencias federativas de fútbol en proporción a su población con respecto al resto de España. La mayoría se centran en los tramos de edad que van desde la categoría benjamín a juvenil. Una buena noticia tanto para el deporte como para los deportistas. Pero si analizamos la tendencia y la relación entre edad y futbolistas nos encontramos con otro dato igual de contundente pero menos positivo que el anterior: el terrible índice de abandono en la práctica del fútbol. Sin duda el tramo más crítico por edad se encuentra a caballo de la etapa cadete y juvenil. Entre los 15 y los 18 años ya se han producido la mayoría de abandonos. Es un momento clave para el deportista y la persona que hasta ese momento han crecido juntos. Comienzan a separarse esos caminos y muchos optan por el abandono de los hábitos deportivos olvidando la consolidación de los mismos como adultos. Con ese alejamiento del fútbol perdemos una oportunidad única para disfrutar de una alternativa sana al “botellón” y similares. Las tensiones del crecimiento en todas las facetas se derivan más a opciones poco educativas tras perder esa conexión con la competición y el entrenamiento. Llega el temido momento en el que los jugadores consideran que es incompatible su diversión con el deporte cerrándose así el círculo de un fracaso anunciado. En ese instante ya estamos inmersos en un auténtico “agujero negro” de jóvenes y prometedores futbolistas que desaparecen sigilosamente sin que nunca más se sepa de ellos en un terreno de juego.

 

            Debemos ser conscientes de la importancia en estas edades de la práctica deportiva para fomentar una estabilidad en el desarrollo personal y social. Es la mejor, y más barata, alternativa para compaginar estudios, familia, hormonas y problemas sociales en un entorno al que ya se asoma la necesidad laboral y económica. Por eso resulta sorprendente que la sociedad en general, y las administraciones públicas en particular, se estrujen las ideas y los presupuestos en buscar alternativas saludables hacia la juventud cuando la más importante está en su mano y se desaprovecha con pasividad. Algo estamos haciendo mal para convertir un éxito de participación en un fracaso personal, social y deportivo de forma tan vertiginosa.

 

            Veamos algunas variables que hemos analizado, que pueden explicar lo ocurrido y que nos dan pistas sobre las soluciones que podemos aportar.Hay una excesiva separación entre el modelo educativo y el deportivo. Colegio o instituto y fútbol no están relacionados. El fútbol sala es el único sustitutivo que pueden desarrollar como actividad extraescolar la mayoría de centros educativos. Muy pocos colegios, ninguno público, disponen de campo de hierba constituyendo así una escasa minoría. Esta distancia entre deporte y educación se traduce en la colisión de socialización entre sus protagonistas. Lo que debería ser una riqueza en la diversidad se convierte muchas veces en un problema si no sabemos gestionar ambos terrenos.

 

1- El fútbol es caro y por lo tanto selectivo. Ese esfuerzo familiar va perdiendo interés con los años y no se percibe en el hogar como una inversión a través del aprendizaje de un deporte sino como un gasto más en el que perdemos interés los adultos ya que ni siquiera acompañamos a nuestro niño al club cuando se hace más alto que nosotros….

2-Si no triunfas en el fútbol a los 16 años ya no lo harás. El modelo socioeconómico de este deporte nos repite hasta la insistencia que las grandes estrellas ya comenzaban a serlo en su más tierna infancia. Las expectativas de mayores y pequeños, reforzadas cada día desde todos los medios de comunicación, se rigen por los parámetros que vemos en la televisión: la joven promesa, habitualmente de origen humilde, que llega al fútbol para ser un astro resplandeciente del deporte rey, insultántemente rico y poderoso. Conclusión: ¿y yo por qué no?… En esa disyuntiva no hay hueco para el jugador de fútbol. Sólo para el triunfador.

3-La falta de motivación. Me aburro nos dicen estos jóvenes futbolistas cuando están a punto de abandonar. Les da pereza ir a entrenar, no les motiva competir y las lesiones son reiteradas fruto de una mala preparación física y menos entrenamientos. De esa ecuación psicológica en el fútbol nace el fracaso. Incentivar la participación en el deporte debería ser igual de importante que la lucha contra el fracaso escolar. Es más el rendimiento en los estudios al finalizar la ESO camino del bachillerato debería tener en cuenta la actividad deportiva y viceversa. En este terreno debemos agradecer los pasos que se van dando para acompasar el rendimiento de los deportistas con sus estudios. El gobierno de Aragón acaba de publicar la orden para conciliar estudios y deporte de alto nivel. Ese es el camino para explorar y exportar a otros deportes como el fútbol una conciliación que sirva de motivación y recompensa. Estoy convencido de que el sistema educativo y la sociedad en general saldría beneficiada si se valorara dentro del ámbito escolar la práctica de otras actividades sean deportivas, culturales y sociales. Eso requiere, por supuesto, un modelo integrado de educación y deporte pero también el acceso en condiciones de igualdad a la práctica de disciplinas como el fútbol (y otras de toda índole) con una política de colaboración de la administración pública con el deporte. Sería la mejor campaña de prevención y educación de la juventud frente a conductas violentas o que atentan a la salud y que tanto nos cuestan en recursos, en prevención y en persecución y castigo.

 

Los factores que observamos los psicólogos están mas que analizados y los vivimos día a día en los campos de fútbol. Los jugadores llegan a una edad difícil. Los estudios se complican. En casa nos dan más problemas a los mayores. Estamos muy ocupados para irlos a ver y animarlos cuando pierden porque ya no los vemos como nuestros “pequeños”. Ellos se fijan más en otras visitas espontáneas en la grada con quienes cruzan miradas furtivas. Los problemas llegan por igual a chicos y chicas. A pesar del gran avance en los últimos años todavía es muy difícil para una chica jugar y competir en fútbol. Por cierto un elemento clave para luchar contra el abandono deportivo y fomentar este deporte. Las chicas pueden jugar en infantil con chicos en equipos que pueden ser mixtos pero luego son expulsadas de su equipo por imperativo legal. También aquí está haciendo esfuerzos el ayuntamiento de Zaragoza para fomentar en los clubes que disfrutan las instalaciones municipales el nacimiento de nuevos equipos de fútbol femenino.

 

Todas estas experiencias y dudas para seguir jugando a estas edades me las cuentan con naturalidad los jóvenes futbolistas y el diagnóstico profesional es sencillo. No tanto las soluciones para las que nos siguen faltando medios e implicación común. La administración pública, las federaciones, los clubes, las familias…Podríamos hablar de muchas variables. A veces cada jugador puede ser una de ellas con sus particularidades. Y ese debe ser uno de nuestros principales objetivos como psicólogos del deporte. Que nuestros jóvenes jugadores se sientan queridos por el fútbol. Pero para ello el fútbol también los tiene que querer por lo que son y no por lo que puedan llegar a ser que, salvo contadas ocasiones, no lo serán. Si los sabemos cuidar nuestros hijos siempre serán unas estrellas de la vida, pero si nos equivocamos sólo tendremos el bonito recuerdo de una estrella fugaz de este precioso deporte. El fútbol es un deporte de equipo que no se ilumina con estrellas sino gracias a la suma de los focos coordinados de los futbolistas que desde sus diferentes posiciones apuntan hacia un objetivo común.

 

José Francisco Mendi

Psicólogo

Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psicología Deportiva (SAPD)

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