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SALGAN DEL CAMPO Y DISTRUTEN

Compartimos con todos vosotros el magnífico artículo escrito para solofutbolbase y Periódico de Aragón por José Francisco Mendi , Presidente de la Asociación Aragonesa de Psicología Deportiva , y que nos deja un interesante punto de vista de como debemos jugadores, padres, entrenadores…. afrontar nuestros objetivos para ésta nueva temporada

SALGAN DEL CAMPO Y DISFRUTEN

 

                El genial Johan Cruyff dijo en realidad: “salgan al campo y disfruten”. Y este debería ser el lema de nuestro fútbol base. Acuñó esta frase para animar a sus jugadores en el decisivo momento de salir al terreno de juego. Lo señalaba para que, al sentir el césped bajo sus botas, todo el equipo fuera consciente de que este maravilloso deporte es un continuo que conjuga técnica y pasión, contagiando de forma permeable a jugadores y público.

                Sabemos cuándo comienza y termina un partido. Conocemos el calendario de liga y su fecha de finalización. Pero el fútbol no tiene límites cuando se vive con emoción desde dentro, bien como jugador, entrenador, directiva, árbitro o espectador, sea familiar o no del futbolista. En consecuencia la aseveración de Einstein sobre el Universo es pertinente a este deporte: el fútbol puede ser finito pero ilimitado. Este concepto global adquiere su verdadero valor en las categorías base. Comienza siendo un juego en su definición de diversión en una bonita aventura que no va más allá de los 5-6 años. A partir de esa edad la competición entra en valor. No es algo que debamos rehuir si lo sabemos adaptar al propio crecimiento de los niños. Van a aprender, compitiendo, como en el colegio. Estudiando un poco más cada día en el tramo final de la enseñanza primaria. No compiten en el colegio para saber más que sus compañeros. Compiten contra las horas de juego y diversión que les restamos, por su bien, los adultos en favor de una formación fundamental para su desarrollo. La competición se extiende contra el tiempo que comparten con su familia y amigos. Un intervalo que se minora cada año de crecimiento y al que acecha una fase de tensión, centrífuga y centrípeta, respecto al entorno más cercano y que no se resolverá hasta la adolescencia. Llegamos aquí a esa ruptura que afrontamos con prontitud en Aragón. La transición del “fútbol 8” a la estepa del fútbol en campo “grande”. Toda una metáfora de realidad vital que reciben nuestros pequeños jugadores a eso de los 10 años. En esa transición ya saben lo que es competir. Que no es saber ganar ni saber perder. Competir es poner en práctica lo que hemos aprendido en los entrenamientos y desarrollarlo correctamente con nuestro esfuerzo sin que ello esté vinculado al resultado. Casi nada. Y a partir de ahí el fútbol base tiene decisiones crueles. En aras a la competitividad se separan grupos de amigos porque su nivel de crecimiento no es equitativo. Los conflictos en el seno de los clubes y de los padres y madres, entre sí y el cuerpo técnico y directivo, llevan a muchos a deambular futbolísticamente como catadores de césped artificial y coleccionistas de escudos. Se produce también una fractura deportivo-social ya que las chicas no van a poder compartir equipos con los chicos una vez que finalizan la etapa infantil. El número de cambios y las convocatorias se irán restringiendo con la edad. Los horarios y los desplazamientos se complican. Finalmente, los estudios y el deporte comienzan a tener agendas y prioridades diferentes que suelen terminar, erróneamente, por castigar el aprendizaje del fútbol como falso bálsamo para recuperar las buenas notas. También irrumpe el sustrato hormonal y el cariño cambia de objetivo con miradas furtivas hacia la banda. Vamos, toda una vida y hemos llegado a los 14 años. Más allá se vislumbran categorías cadetes y juveniles. Son otros mundos que, perteneciendo a la galaxia del fútbol, se introducen en el espacio interestelar del crecimiento donde cambian hasta las leyes fundamentales del comportamiento humano. Todo eso queda tan alejado de nuestros actuales niños que es algo que los radiotelescopios de padres y madres apenas pueden intuir.

                Al comenzar esta nueva temporada tengamos en cuenta esa perspectiva temporal por etapas de crecimiento y aprendizaje. De todas y todos. Pensemos en los objetivos deportivos y personales. Es básico que haya una puesta en común entre el cuerpo técnico, el club y los padres, madres y tutores para que en conjunto sepamos el verdadero horizonte del equipo en el que juega nuestro niño o niña. Los conflictos en el fútbol base comienzan cuando las expectativas chocan entre sí. Ya sabemos que nuestro pequeño es el mejor. ¿Pero nos importa que crezca como persona, íntegramente, sabiendo que lo somos en cuanto nos socializamos? ¿Queremos que aprenda y comparta o que gane y se luzca por si algún buscador de perlas cae cerca? Si pasamos de ser su familia a sus entrenadores, obviando e interfiriendo las indicaciones de su técnico, sólo cortocircuitaremos su desarrollo. ¿Acaso discutimos públicamente en el colegio los métodos de sus profesores en plena clase? No olvidemos que cuando entrenan están en clase de fútbol y su maestro-entrenador se merece el mismo respeto que los enseñantes del colegio. Tampoco confundamos interés con presión. Si agobiamos al niño con preguntas antes o después del partido, que transforman una legítima empatía en una fuente de información privilegiada para nosotros, invadiremos su necesaria autonomía como jugador y como persona. Esté a su lado, no delante ni detrás.

Tenemos más que aprender los adultos de la convivencia en el fútbol base que los protagonistas. A estas edades los problemas surgen más allá de la línea de cal y no dentro del terreno de juego. El equilibrio de lo que llamo el “modelo de las cuatro C”, colegio, calle, club y casa, es fundamental en esta etapa de desarrollo. De la integración de estos factores depende el éxito de su hijo. No de su futbolista. Y espero que nos ocupe más lo primero que lo segundo. Dicho esto, la responsabilidad de que aprendan y disfruten nos compete a todos. Los clubes deben mirar más por su labor social que por un modelo de negocio que sigue moviendo (no dando) mucho dinero. Los árbitros son jueces pero también educadores, armados de paciencia, que pueden y deben enseñar en positivo en unas edades en las que las únicas tarjetas que tendríamos que ver son las todavía inexistentes verdes en Aragón para premiar los buenos comportamientos. La Federación también podría ayudar con sus normas a un juego más limpio y deportivo. Cito sólo una propuesta. Para dilucidar un empate en la clasificación se debería premiar al equipo con menos tarjetas antes que los goles metidos o encajados. En cuanto a los entrenadores, son maestros y no ejecutivos por objetivos bajo el yugo de la clasificación. Y cada niño y niña es un mundo. Con su profesionalidad, dedicación y cariño van a pasar muchas horas con nuestros hijos. En nuestra función de psicólogos deportivos entra también la tarea fundamental de engrasar esta máquina compleja. Ayudando profesionalmente a todos los actores de este maravilloso mundo para enseñarles a ser más felices con independencia de las cualidades de cada uno. Una labor que se impone y valora más cada día. Y llegamos al público más complicado: padres, madres, abuelos, tutores y demás familia que tanto hacen para que sus hijos aprendan. Horas de espera. Madrugones de fin de semana. Frío, cierzo, ánimo, consuelo y felicitación. Por ellos ¿verdad? Para ellos. Esa es la mejor satisfacción…para nosotros.

Comienza una nueva temporada llena de ilusiones y temores. El fútbol nos va a permitir pasar muchas horas con nuestros hijos e hijas compartiendo un interés común, objetivos y muchas esperanzas. Estamos ante una de las últimas oportunidades como adultos para crear y fortalecer relaciones con ellos al margen de su entorno más cercano del que poco a poco nos van, nos vamos a ir alejando de forma natural. El fútbol se puede convertir también en un gran punto de encuentro familiar para acercar lazos entre padres y madres que ya no compartan una relación de pareja. No dejen el fútbol sólo como una obligación exclusiva de una parte. Aunque vayan a ver a su hijo desde diferentes lados del campo lo importante es que las miradas confluyan en lo más importante, el niño, la niña.

Hagamos entre todos más amplia y satisfactoria la frase de Cruyff. Salgan del campo y disfruten de ellos. Pero sobre todo, con ellos.

José Mendi

 Psicólogo y Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psicología Deportiva (SAPD)

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