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ABUSOS CERO

En el momento que somos padres o madres todos los niños son nuestros hijos e hijas. Es una realidad vital, vista con la naturalidad de la empatía, que está en nuestros genes como identidad de supervivencia de nuestra especie. Es lo que hace que ni a los  profesionales más preparados, que conviven con la muerte a diario, les sea fácil asimilar la crueldad de un  hecho traumático, o el fatal desenlace de una enfermedad, en un niño. Si además hablamos de sucesos en los que van aparejados elementos de abusos o agresión sexual, el rechazo y la aversión al delito y al delincuente se convierte en un hecho de relevancia y repudio social sin parangón. Lo vemos, por desgracia, más a menudo de lo que quisiéramos y es más frecuente de lo que pensamos y deseamos. Las cifras son terribles. Uno de cada cinco niños, niñas y adolescentes ha sufrido violencia sexual antes de cumplir los 18 años. No se trata de alarmar sino de concienciar y, sobre todo, de prevenir. Creo que puede ser más útil hacerlo de una manera amplia, pero esquemática a la vez, que me permite ser más contundente en un tema tan grave y delicado como el que abordamos.

1º/ La mayoría de los abusos y agresiones sexuales se dan en un entorno familiar y de cercanía al mismo. Lo que hace que muchos de estos delitos sean silenciados por el propio ámbito en el que se producen. Sólo un 2% de estos casos terminan en denuncia por lo que se constituye en el delito más ocultado.

2º/ El perfil más habitual del delincuente sexual es una persona joven, como mucho de edad media, que suele tener un contacto cercano al menor y con el que tiene facilidad de ganarse su confianza y, posteriormente, amenazarle a través de una situación de poder para que no denuncie los hechos.

3º/ El trabajo de apoyo psicológico a las víctimas y sus familias nos demuestra que es más fácil, profesionalmente, tratar y recuperar a un menor que ha sufrido una agresión que a un adulto, ya que los niños tienen una mayor capacidad de reestructurar su vida a través de la madurez personal y social.

4º/ Un delincuente sexual es un delincuente, no es un enfermo. Tenemos la percepción de que estos hechos son tan irracionales que, como no se nos pasan por la cabeza, sólo pueden cometerlos desequilibrados mentales. La práctica totalidad de los condenados por delitos sexuales lo suelen ser por sus hechos sin que se aprecie, en los peritajes psicológicos o psiquiátricos que hacemos, ningún tipo de trastorno patológico.

5º/ La detección de un caso de abusos suele ser difícil. Debemos valorar indicadores históricos, como el relato del niño. Indicadores físicos que puedan implicar secuelas físicas. Indicadores comportamentales como el abandono o la estigmatización, una ruptura con su rendimiento escolar, excesiva sumisión a un adulto, temor infundado o ansiedad a cambiarse de ropa delante de otras personas… etc. Sin olvidar que muchos niños no expresan modificaciones en su conducta que nos haga sospechar de lo ocurrido.

6º/ Tras conocerse un suceso de este tipo se produce un lógico pico de hipersensibilidad en la población afectada. En un colegio, un  club o una comunidad religiosa. Pero debemos ser conscientes de que la natural alarma debe ser constructiva y de apoyo, de todo el entorno, para proteger la intimidad de los menores , su familia y amigos. Si negativo es el hecho de no haber puesto todas las medidas de prevención, también lo puede ser la estigmatización general que pueda llevar a un exceso de “paranoia” que nos haga ver y tratar a todo un colectivo de personas como delincuentes reales o potenciales.

7ª/ Hay muchas y muy buenas guías educativas de prevención de los abusos sexuales infantiles desde un punto genérico. Les aconsejo la elaborada por el Consejo Superior de Deportes (CSD) en colaboración con UNICEF. “El abuso infantil queda fuera de juego”. Se trata, en realidad, de un conjunto de cinco guías. Tres de ellas son para trabajar la prevención directamente con los niños por tramos de edades. De tres a seis años en el tramo de educación infantil, de siete a doce años en el tramo de primaria y de trece a diecisiete para la ESO. La cuarta guía está orientada hacia profesionales que trabajamos y colaboramos en el ámbito deportivo. Entrenadores, directivos, médicos, fisioterapeutas, psicólogos, personal de mantenimiento etc. La quinta guía consiste en un listado de estándares de calidad que deben cumplir las instalaciones deportivas. Les dejo el enlace a las mismas http://www.csd.gob.es/csd/promocion/abusofueradejuego/

8º/ Desde la realidad deportiva que vivimos en los campos de fútbol conviene seguir, también, una serie de normas básicas que no siempre son fáciles de cumplir dada la precariedad de medios técnicos y personales de los que disponen los clubes. Pero, dicho esto, creo que todos somos conscientes de la importancia de invertir en medios para prevenir que un hecho tan grave como el que hoy tratamos arruine la vida de nuestros hijos y, con ellos la nuestra.

  1. El Real Decreto 1110/2015 de 11 de diciembre reguló la creación y funcionamiento del Registro Central de Delincuentes Sexuales que previó la Ley 26/2015 de 28 de julio. Se trata de un mecanismo básico, preventivo, de carácter legal, que es absolutamente necesario, pero no suficiente, para evitar que personas con antecedentes penales por delitos sexuales puedan trabajar con menores. Todos los que desarrollamos nuestras tareas en los clubes de fútbol debemos solicitarlo, y presentarlo, con carácter previo para poder desarrollar las diferentes funciones en un club en contacto con menores. Con datos de finales del año 2018, hay 1151 aragoneses que tienen prohibido trabajar con niños por sus antecedentes penales. Se trata de una lógica prevención legal que no impide que quien no haya sido condenado en firme previamente no vaya a delinquir en el futuro.
  2. Una norma básica que deberían cumplir todos los clubes recomienda que no debería estar un adulto a solas con menores y, jamás, un adulto a solas con un solo menor. En lo concreto en vestuarios lo conveniente es que estén tanto el entrenador como su ayudante en el momento de dar las instrucciones y, si es durante el cambio de ropa, es preferible que esperen fuera. Por supuesto no deben entrar adultos para “ayudar” a niños pequeños. Para eso están, conjuntamente, ambos entrenadores en el caso de niños muy pequeños.
  3. Importante, el uso de móviles activados debe estar prohibido en el interior de los vestuarios. Al entrar se apagan, no sólo se silencian, y/o se dejan a buen recaudo bajo llave.
  4. Los famosos grupos de whatsapp deben conformarlos entrenadores y adultos o adultos entre sí. No es correcto que existan grupos de un entrenador con sus jugadores. Las instrucciones o mensajes privados de un entrenador a un jugador deben transmitirse a través de un adulto.
  5. Las intervenciones que requieran un trabajo de fisioterapia o recuperación deben explicarse previamente a los progenitores o tutores con indicaciones del tratamiento que se va a llevar y las zonas corporales que se van trabajar. Es conveniente que haya otro profesional en el entorno o incluso alguno de los padres acompañando al menor. Y debería verse como obligatorio cuando la intervención se haga con niños y niñas de hasta 12 años.
  6. Por lo que respecta a mis funciones como psicólogo deportivo la actividad habitual, tanto personal como grupal, la desarrollo en el campo de fútbol a la vista de todo el mundo. Si es necesaria la intervención individualizada en un espacio cerrado se hace en presencia de, al menos, uno de los padres.
  7. Los clubes deben establecer en todos los inicios de temporada, charlas informativas a padres, madres y entrenadores en los que se aborde esta temática así como los protocolos de prevención e intervención. No debemos olvidar tampoco que, en cuestión de abusos sexuales, también debemos contemplar la posible existencia de los mismos no sólo entre adultos y menores sino también de menores entre sí. Un aspecto en el que se entremezclan episodios del llamado “bullying” (acoso físico o psicológico) con la agresión sexual, ya sea personal o digital, a través de los móviles fundamentalmente. Les recuerdo mi artículo, en este mismo medio, la pasada semana sobre el “futbullying”.
  8. Es conveniente que la prevención de estas conductas se aborde conjuntamente con los jóvenes futbolistas a partir de la edad alevín. La mejor forma de prevención es con ellos y ellas y no sólo por ellos. Los clubes y entrenadores deben contar con apoyo para abordar estas cuestiones que no son sólo competencia de la familia o la escuela. El fútbol es un ámbito de socialización, y también de riesgo, muy importante desde el que se puede ayudar a prevenir y erradicar estas conductas delictivas. Aprovechemos lo bueno que tiene el fútbol para mejorar la vida en mayúsculas de nuestros hijos.
  9. La gran pregunta que al final nos hacemos es la siguiente: ¿tenemos medios que nos permitan detectar, preventivamente, a personas que potencialmente vayan a ser delincuentes sexuales? La respuesta es que hoy disponemos de instrumentos rigurosos que nos permiten avanzar y prevenir en la detección de estas conductas delictivas y que han sido comprobados científicamente como eficaces y útiles. También es cierto que no son, como casi ningún otro test de diagnóstico psicológico o psiquiátrico, infalibles. Pero contribuyen a una ayuda, y prevención, fundamental en nuestro trabajo profesional contra esta lacra social. E insisto, se trata de detectar comportamientos, no enfermedades. Por eso hablamos de delincuentes en su práctica totalidad. Personalmente me parecen muy interesantes dos test para aplicar de forma preventiva a población general (fundamentalmente entrenadores). La prueba del Perfil Explícito e Implícito de Interés Sexual (Explicit and Implicit Sexual Interest profile, EISIP; Banse et al., 2010). Y la denominada Escala de Interés en el Abuso Infantil (Interest in Child Molestation Scale, ICMS; Gannon y O’Connor, 2011). Y por lo que respecta a la detección en niños para indagar si han sufrido este tipo de abusos, el  juego Coletas y Verdi de TEA ediciones que constituye un instrumento sencillo y útil para la prevención, detección y tratamiento del Abuso Sexual Infantil (ASI) en un contexto lúdico. No me voy a extender más al respecto para no cansarles con aspectos técnicos de mi disciplina como psicólogo pero tenemos medios, y sabemos cómo podemos y debemos utilizarlos para sumarnos a esta batalla contra el abuso sexual en niños que a todos nos ocupa y preocupa.

Por último nos toca afrontar un tema central. Por mucha voluntad y sensibilización que tengamos socialmente para atajar estos delitos y a estos delincuentes, hace falta dinero. La implicación de los gobiernos y  las administraciones públicas es fundamental. Pero  no sólo como predisposición política a la que nunca se han negado ni podrán hacerlo. Luego esto hay que materializarlo con recursos y con dinero. Vemos como poco a poco vamos avanzando. Hoy ya disponemos de desfibriladores en campos de fútbol gracias al apoyo del ayuntamiento de Zaragoza. Algunos clubes comienzan a realizar pruebas de prevención de enfermedades del corazón a través de reconocimientos cardiológicos como los que suele realizar en el fútbol base Sport-Pulse. Pero también la presencia de profesionales como somos los psicólogos es fundamental, y cada vez más habitual, en los clubes de fútbol. ¿Cuánto vale un trabajo de prevención y actuación en materia de abusos sexuales como el que les indico? Como padres pagaríamos lo que fuera porque ningún niño lo sufriera. Como psicólogo también les digo que ayudar en esta prevención no tiene precio. Pero es un compromiso que debe llevar a que profesionales de la psicología sean parte de la estructura de un club. Y que tengan medios y tiempo para desarrollar su trabajo. Soy consciente de las dificultades de los clubes deportivos, como entidades que no son lucrativas, para compaginar una actividad social con una gran responsabilidad cívica como la que aquí detallamos. De ahí la necesaria cooperación de los gobiernos de todo tipo. Me consta el compromiso de la Dirección General de Deportes y del propio Gobierno de Aragón en su conjunto por erradicar todo tipo de abusos en el deporte y, por supuesto, en el ámbito general de la educación. Ha llegado el momento de que esos apoyos lleguen al césped en forma de presupuestos. Lo demás déjenlo en manos de profesionales titulados y colegiados.

José Mendi

Psicólogo y Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psicología Deportiva

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