Solo futbol base

CONDENADOS CRIOS

Artículo de obligada lectura para SOLOFUTBOLBASE  de José Mendi ,Psicólogo y Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psicología Deportiva (SAPD)

En el mismo, plasma una realidad muy preocupante, que se debe intentar corregir

    CONDENADOS CRIOS           

(Este artículo está basado en hechos reales. El nombre de su protagonista, la edad y la categoría deportiva se han cambiado para proteger al futbolista, ya que la realidad y la Red no lo han podido hacer. Quiero agradecer a su madre que me transmitiera la información pertinente que me ha permitido ser consciente de este problema, y desarrollar este texto, para evitar que en el  futuro pueda sucederle lo mismo a nuestros hijos)

                Pedro Saputo ya ha alcanzado la mayoría de edad. Nació en los albores del nuevo milenio y, tras finalizar sus estudios de ESO, finalizó un grado de formación profesional y está en búsqueda de empleo. Acaban de comunicarle que no ha pasado el último filtro de una entrevista de trabajo. Tendrá que seguir esperando un salario más o menos digno en casa de sus padres desde la incomprensión de un nuevo fracaso. Lo que nunca sabrá este joven aragonés, al que me permito arrancar de nuestro acervo cultural para meterlo en este artículo, es que la culpa de su rechazo a la entrada laboral la tiene el fútbol. Nuestro personaje de ficción puede ser cualquiera de nuestros hijos que hoy juegan en cualquier club.

                Me van a permitir que hoy me ayude de mi experiencia como técnico de empleo en el ámbito de los recursos humanos para sumarla al de la psicología deportiva. Solemos aconsejar a las personas a las que ayudamos a encontrar trabajo que vigilen su actividad y efusividad en las redes sociales ya que, cada vez más, se trata de un aspecto que suelen tener en cuenta en el ámbito laboral las empresas para recabar datos que por otra parte solemos compartir alegremente en la Red. ¿Y qué tiene que ver esto con nuestro joven y actualizado Saputo? Todo. Lo van a comprender, y lo pueden comprobar, desde un punto de vista práctico si quieren en este mismo instante.

                Pedro Saputo estuvo jugando al fútbol desde los seis años y tuvo su correspondiente licencia federativa donde se desempeñó con dignidad en varias categorías de la Federación Aragonesa de Fútbol en diversas etapas formativas de este deporte. En la temporada 2009-2010 jugó en primera alevín. En uno de los partidos, y tras un discutible lance del juego, salieron de su inocente lengua, dirigiéndose al árbitro, expresiones que más bien eran propias de Linda Blair  interpretando a Regan, la niña de “El exorcista”. Como en aquella época todavía no se había implantado la figura del psicólogo en los clubes de fútbol base, la bronca se atribuyó a una confusión del  joven Pedro Saputo que, inconscientemente obnubilado, había confundido al juez de negro con el jesuita padre Lankester, uno de los encargados en la diabólica película del ritual purificador.

                Tras este lamentable episodio, ocurrido en el año 2009, a Saputo le cayó la correspondiente sanción federativa impuesta por el Comité de Competición y Disciplina Deportiva del Fútbol Base en su respectiva reunión del día de la fecha. Dicha resolución se puede visualizar, hoy mismo, en la correspondiente página web de la Federación, apartado de “Comité de Competición”, en lo referente a las “Actas y Acuerdos del Fútbol”.  Sólo que de aquello han pasado casi diez años y Saputo ya es mayor de edad, con otras ocupaciones y preocupaciones, tan importante o más que el fútbol, como es encontrar trabajo. Aquella justa, y cumplida, sanción se ha convertido en su pesada bola de presidiario de la que no puede despegarse nuestro protagonista. No hay martillo virtual en la “Red” capaz de romper con facilidad esa condena que le perseguirá de por vida. Tanto es así que al hacer una simple búsqueda en el dios de internet, “Google”, sale su nombre cual peligroso y lenguaraz delincuente. Así que en la empresa han decidido que, en igualdad de circunstancias ante tanta candidatura al puesto de trabajo, mejor contratar a otra persona más tranquilita no sea que Pedro sea un proyecto de peligroso y revolucionario líder sindical en el tajo o, en todo caso, pueda rememorar aquél fatídico fin de semana satánico en el fútbol y acabe rompiendo el buen ambiente que hoy hay en el curro.

                No sé si les parecerá exagerada o excesivamente apocalíptica la historia. Lo único que les digo es que esto ya está ocurriendo hoy. Hagan la prueba si quieren. Entren en la página web de la federación, busquen el nombre de su hijo o hija allí. Miren en los apartados que les señalaba sobre sanciones en el párrafo anterior y allí están o podrían estar, a la vista de todos, el historial de todas las penas impuesta, con sus protagonistas atrapados en la Red desde el año 2009. También pueden hacerlo en el famoso buscador norteamericano, que con tantos colorines suele abrir de inicio nuestro ordenador o teléfono móvil. Tal vez no se asombren tanto. O sí. En este sentido me permito una reflexión que, fundamentalmente, va dirigida a la Federación de Fútbol. Seguro que pasará también en otros deportes y en otros foros. Pero como aquí nos ocupa el fútbol base me centraré no sólo en la denuncia y en la reflexión sino también en algunas soluciones. Echo de menos que desde las estructuras federativas nos pidan opinión a personas y profesionales que vemos y vivimos este deporte desde otras perspectivas complementarias a la meramente reglamentaria. Ni más lejos ni más cerca de los pequeños futbolistas. Más bien a su lado y procurando que este deporte, y el aprendizaje que conlleva, mejore en todos sus aspectos. Seguro que es un objetivo compartido por los dirigentes federativos. Así que déjense ayudar y tomen en cuenta alguna de las propuestas que, siendo de su competencia, ayudarán al conjunto de la comunidad futbolística. Por ejemplo, creo que no costaría mucho que las sanciones impuestas se tramitaran y visualizaran en un ámbito más restringido intentando que “Mr. Google” no lo tuviera tan fácil. Es lógico que las resoluciones en este ámbito sancionador se comuniquen a los afectados y al resto de clubes de la misma competición para que puedan conocerlas y recurrir, en su caso, una alineación indebida. Pero creo que este procedimiento debería quedar restringido a la propia “intranet” de la federación, a la que sólo tienen acceso los propios clubes con sus debidas claves privadas. ¿De verdad tiene mucho interés en las categorías del fútbol base conocer semana a semana esas resoluciones y que se conserven públicamente más tiempo que el que obliga Hacienda a guardar nuestras facturas? Por ejemplo, es en ese ámbito más interno en el que se tramitan las licencias y sus correspondientes altas y bajas federativas además de muchos otros trámites específicos de los clubes y a la que, muy correctamente, no tenemos acceso el resto de los mortales por mucho que estemos implicados en el fútbol base. Vuelvo al ejemplo que suelo reiterar en algunos de mis artículos. ¿Se imaginan que las notas de nuestros hijos y los posibles castigos y sanciones se publicaran en la puerta del colegio para escarnio o envidia de todos? Yo veo las calificaciones de mi hijo en cada evaluación, las faltas de asistencia, o sus buenos o menos buenos comportamientos gracias a unas claves privadas que me ofrece el instituto de mi hijo y a la que sólo puede acceder cada familia o tutor de cada niño o niña. ¿Por qué en el fútbol es distinto? Imaginen aquel curso fatídico, aquella mala racha en los estudios producto de mil cambios, dentro y fuera del colegio, aquél maldito parte… y que todo eso nos persiguiera día y noche cada vez que teclearan nuestro nombre en la Red.

                El debate legal sobre esta materia da mucho de sí. Pero ni soy experto en la materia ni es la principal reflexión que pretendo suscitar. Le cedo el debate a mi amigo y compañero de colegio, y magnífico jurista, Manolo Guedea, dirigente de la Asociación Aragonesa de Derecho del Deporte. Lo que sí está claro es que existe una especial protección de los menores en lo referente a la publicidad de sus datos. Desde la entrada en vigor del nuevo Reglamento europeo el pasado mayo en materia de protección de datos, los menores podrían autorizar por sí solos el tratamiento de sus datos siempre y cuando tuvieran cumplidos los trece años. Por debajo de esa edad es imprescindible el beneplácito conjunto de ambos progenitores o del tutor o tutores  legales del mismo. En todo caso no estamos pidiendo que se elimine el expediente administrativo interno y privado de lo ocurrido en lo referente a cualquier proceso sancionador. No deja de ser historia perteneciente a los archivos de la propia Federación y sus comités. En este sentido resulta de especial interés la reciente sentencia del Tribunal Constitucional, el pasado verano, en el que resolvía una reclamación relativa al “olvido digital”. Un particular, adulto, peleaba porque unos hechos poco gratificantes (y por los que ya había cumplido la correspondiente pena) ocurridos en 1985 desaparecieran del historial de búsquedas digitales de un diario español. El tribunal ha sentenciado que el periódico no tiene por qué eliminar de su hemeroteca digital lo ocurrido, ya que tampoco se debe cambiar la realidad de la historia, pero sí obliga al diario a eliminar de sus buscadores el acceso a dicha información partiendo del nombre y apellido de su protagonista. Sin ser un experto en la materia creo que esta resolución judicial ofrece a la Federación un camino y una solución acorde con el caso que les detallo. En este maravilloso mundo del fútbol base debe imperar más el sentido común que la estricta legislación. No se trata de utilizar la famosa Agencia Española de Protección de Datos contra el propio fútbol y los niños, siempre que haya una utilización legítima y ética de la información e imágenes con las que disfrutamos cada día. Por nada del mundo me perdería las maravillosas instantáneas de Valentín Gutierrez Tejada, el trabajo profesional de Rubén Losada o disfrutar con las fotografías y reportajes de mi buen amigo Rafa García. Sin olvidar a decenas de hombres y mujeres, padres y madres habitualmente, que transmiten de forma anónima y desinteresada la convivencia y competencia deportiva cada fin de semana. Sin duda contribuyen a la socialización de nuestros hijos y perpetúan con imágenes una de las mejores etapas de la vida de ellos, con ellos y junto a ellos. Gracias.

                Y volviendo a mi disciplina en el seno de la psicología deportiva, lo que aquí les he relatado influye en el presente pero también en el futuro del desarrollo personal. No cuesta nada ayudar a mejorar todo lo que rodea a nuestro maravilloso fútbol. Más si se trata de hacerlo para colaborar en pequeñas medidas administrativas que a la postre suponen una gran mejora social a la que todos estamos obligados a contribuir. Demos  una oportunidad al perdón a través del olvido. Nuestros pequeños no se merecen una castigo eterno de por vida por un mal día en el fútbol. Aprendamos de los errores, ayudemos a corregirlos desde toda la comunidad deportiva. Un entrenador sabe que hay momentos en los que debe hacer un cambio para que un incidente en el césped no vaya a mayores. Un árbitro puede sugerir al banquillo ese cambio natural antes de que sea forzado por el color de una tarjeta. Un club debe formar para que todo lo anterior no llegue a ocurrir. Pero también la Federación puede ayudar para que, si al final ocurrió algo que no debía, no sea una pesada losa que convierta a un niño o niña en un condenado crío el resto de su vida y le dificulte su futuro en todas las facetas de su desarrollo. Todos juntos podemos y debemos enseñar, dentro y fuera del campo, para corregir y prevenir conductas poco deportivas. Pero como decía Borges: “Yo no hablo de venganzas y perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón” (Elogio de la sombra 1959).

José Mendi

                Psicólogo y Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psicología Deportiva (SAPD)

               

 

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