Solo futbol base

EINSTEIN NO JUEGA AL FUTBOL. ARTICULO EN EXCLUSIVA DE JOSE MENDI

José Mendi, siempre dispuesto a colaborar con nosotros , escribe en exclusiva para ésta casa éste interesante artículo de obligada lectura que os invitamos a leer

Muchas gracias José, por tu predisposición y por aportarnos tus siempre interesantes punto de vista

EINSTEIN NO JUEGA AL FÚTBOL

 

“La velocidad de la luz es constante. La de la vida no. La primera afirmación corresponde al genio, y Premio Nobel, Albert Einstein, que desarrolló la teoría de la relatividad. El ilustre físico alemán nos demostró que nada puede viajar más rápido que la luz en el universo. No se preocupen si, como yo, no entienden su famosa fórmula. De hecho el máximo galardón científico se lo dieron por sus investigaciones en el campo de la física teórica y su explicación del efecto fotoeléctrico y no por su transcendente ecuación. El científico encargado de evaluar su teoría de la relatividad tampoco la entendió y, pensando que pudiera ser errónea, hizo que Einstein se quedara sin el merecido premio por su labor más conocida y reconocida.

 

 El fútbol forma parte de la vida. Incluso para muchas personas, el fútbol no sólo es “su” vida sino que es “vida”. De hecho es más idónea esta afirmación que la referida a otro enunciado publicitario muy similar, que muchos de ustedes recordarán, y que alude a otra conducta importante, quizás no tanto, sobre una de las pulsiones más fuertes del ser humano. Evito repetir ese anuncio en prensa debido al volumen de menores que siguen esta página… A lo que vamos, que acabaré mezclando a Freud con el balón y en este caso me basta con desmontar a Einstein. La realidad de este deporte lo lleva haciendo con éxito desde hace tiempo. Es cierto que la velocidad en este caso ha ido acelerando este proceso en los últimos años. También se ha constatado que la rapidez del crecimiento en el fútbol es mayor al inicio del proceso que al final. Pero si se dan cuenta, se trata de un caso atípico en el desarrollo vital de las personas. Aprendemos a caminar y hablar, a trompicones, hasta que corremos y nos comunicamos. Vamos a la escuela y seguimos nuestros cursos correspondientes. Comenzamos por infantil, llega la ESO, un bachiller o grado, la Universidad, un ciclo formativo, quizás un doctorado o una especialidad laboral. Todo tiene sus etapas, sus aprendizajes y su maduración. Normal. Pero de repente llega el fútbol base. Nuestro chico o chica comienza con sus primeros pelotazos. Al principio es el balón quien persigue a los niños. Después la tribu de pequeños jugadores se adueña del esférico y un día, uno de ellos, emula al primate protagonista de “2001 una odisea del espacio”. Lanza al aire el esférico y, con el sonido de Richard Strauss de fondo, se transforma en un jugador capaz de competir. A partir de ahí no sabemos si este joven protagonista de la película de Kubrick nos llevará de la mano, a ritmo de vals, por el espacio maravilloso del deporte o terminará por ser el protagonista de otra de sus magníficas películas, “El resplandor”, viviendo al borde del terror como un psicópata del fútbol.

 

No me imagino a padres y madres pidiendo a sus profesores y colegios que adelanten de curso a su niño porque es especialmente bueno en los estudios. No concebimos que a nuestro pequeño, que está aprendiendo a tocar un instrumento, a pintar, a hablar otro idioma etc. le salten de curso por la presión de su familia para que termine antes dicha enseñanza. Nos interesa que aprenda. Y para eso es imprescindible ir avanzando etapas, madurar y crecer asimilando los contenidos adecuados a cada año. Todo esto que vemos tan normal… no lo es en el fútbol. Las urgencias, habitualmente familiares, y más ocasionalmente en clubes, hacen que los pequeños jugadores quemen etapas a una velocidad que no es la suya. Se puede, y se debe, aprender mucho de las categorías inferiores en el fútbol base. Ningún niño o niña ha fracasado,” a su edad, porque no haya jugado en las categorías “preferentes” o “de honor”. Primero porque no todos los chicos tienen una velocidad de aprendizaje similar. Segundo porque su crecimiento y madurez física, psicológica y social son muy distintos. Y tercero porque siempre será mejor subir despacio peldaño a peldaño, partido a partido, que subir mucho en un corto espacio de tiempo para caer enseguida. El fracaso de las expectativas, y la vuelta atrás con bajadas de categoría por inadaptación o falta de calidad, conlleva en muchos casos el abandono temprano del fútbol. Y esas metas nos las hemos puesto muchas veces los padres. Pero, al mismo tiempo, también “se” las hemos puesto a los hijos.

 

Respetemos los procesos de aprendizaje. Esos plazos son similares en todas las facetas de la vida. Es cierto que de vez en cuando sale algún “superdotado” capaz de comenzar una carrera a los 15 años con un cociente intelectual extraordinario. Son casos que requieren además de una especial atención desde el punto de vista educativo y psicológico. En el fútbol también existen. Se pueden llamar Messi o Ronaldo. Pero no es nada habitual. Si los datos y nuestra experiencia así lo demuestran ¿por qué nos empeñamos en tratar a la inmensa mayoría de pequeños futbolistas como grandes genios? ¿No somos conscientes de que si cortamos su proceso de aprendizaje les impediremos demostrar lo buenos que son? Es una garantía de doble fracaso. La suya, por no dejarles aprender y demostrarse a sí mismos lo que son y pueden llegar a ser, y la nuestra por no llegar a donde debían, según las propias ensoñaciones, en la élite del fútbol base.

 

Es cierto que la organización de las categorías federativas no contribuye a este aprendizaje pausado. La competición es, valga la redundancia, demasiado competitiva y no tan formativa como debiera ser. El diseño de dar dos años de crecimiento natural para que los futbolistas jueguen en tres categorías de benjamines y alevines y en cuatro de infantiles y cadetes hace que el ritmo de competición obligue a acelerar el escalafón, a la velocidad de la luz, a nuestras pequeñas estrellas. Y suele ser con el combustible de los padres. Son ellos los que presionan al club, cambian de equipo y rebuscan una categoría acorde con el talento del chico. Sin importar compañeros, amigos, cercanía y comodidad. Sólo el supuesto “prestigio” ¿o será el nuestro? Creo que sería mucho mejor establecer y quizás simplificar las categorías en función de las edades y no tanto de las supuestas “calidades”. Primer año, segundo año etc. Pero soy consciente de que el mundo, y más el del fútbol, no está diseñado así. Más bien quiere ver ya en la televisión partidos de menores luchando como jabatos en pos del éxito deportivo, económico y social. Asumamos que el triunfo de uno no es la derrota de todos los demás. Mozart a los cuatro años componía pequeñas obras musicales. Pero no veo frustración sino alegría y ganas de aprender en los pequeños músicos que llegan a la clase del conservatorio junto al club de fútbol en el que paso muchas horas. Si decimos que el fútbol es aprendizaje, además de diversión, tratémoslo como una enseñanza más. Con sus plazos, sus etapas, sus años buenos y no tan buenos. Deje aprender y crecer a su hijo. Deje enseñar a sus entrenadores. Déjese aconsejar por su club. Y, también, déjele no ascender todo lo que usted quisiera porque si sabe competir estará aprendiendo a subir él sólo. Mejor que llegue a ser un gran futbolista con su apoyo y el de su familia. Pero si en vez de ser un gran compositor, su hijo, sencillamente, disfruta con la música de la orquesta, seguro que será una gran persona.”

 

José Mendi

Psicólogo y Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psicología Deportiva (SAPD)

 

 

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