Solo futbol base

FUTBOL CON ANIMO

FÚTBOL CON ÁNIMO

 

El fútbol es un estado de ánimo. La frase se le atribuye a Valdano aunque probablemente surgiera mucho antes con diferentes acepciones. Generalizando, habría que considerar más bien ¿qué no es un estado de ánimo? cuando toda nuestra actividad conlleva un soporte emocional inseparable de nuestro organismo. Nadie deja en el perchero del trabajo la emotividad con la que llega de casa y nadie aparca en la puerta de su domicilio las vivencias del trabajo. Cuando además hay problemas por falta de empleo o conflictos familiares la indisolubilidad de la mezcla convierte la misma en explosiva. Las soluciones en los conflictos que aporta la psicología no consisten en olvidar o abstraerse de la realidad sino en saber afrontarla con un estado de ánimo que será el natural a la situación que lo genera. Una de las frases más recurrentes e inútiles que usamos para ayudar al resto de congéneres a superar un problema es “tranquilo, no pasa nada”. Aunque no suele ser afortunado utilizarla en un funeral, si me permiten la broma previa a Halloween. Entre huir de la respuesta o magnificarla, lo acertado suele estar en el término medio. Agradeceremos que se nos trate como responsables comedidos, para aprender el camino de la solución, que no como temerarios irredentos o ingenuos incapaces de asimilar un concepto. Por eso es importante empatizar con los estados de ánimo ajustando esa sintonía con el contenido racional de la misma. Si un futbolista falla una ocasión de gol al estilo Cardeñosa, para los veteranos, o al de Marco Pérez “La sombra”, que jugó en el Zaragoza, para los más jóvenes, sabrán a qué me refiero. La normalización del fallo no conlleva ni el estigma, que persigue a estos jugadores todavía, ni la evitación para afrontar una situación que, o se supera, o terminará por anular al protagonista. El estado de ánimo marcará el futuro deportivo y personal para bien y para mal. Y aquí es donde tanto entrenadores, compañeros de vestuario y psicólogos podemos contribuir a que un estado de ánimo también pueda servir para mejorar el ánimo de un estado. Es más específica la intervención que podemos hacer en deportistas profesionales que la que tendremos que aplicar en el fútbol base, pero en general el tratamiento es el mismo.

 

Me gusta observar la llegada al club de fútbol de los jugadores. Tanto de los profesionales como de los niños. En días de partido y en los entrenamientos. El estado de ánimo, como nos ocurre a los mayores, también va en sus mochilas. Sólo que las suyas suelen ser más físicas y las nuestras más mentales. Los niños tienen una mayor capacidad de aligerar el peso de otras responsabilidades. Lo que tiene mucho sentido ya que su capacidad de almacenaje emotivo es menor. El cerebro está más preocupado por aprender y madurar que por conservar. Lo que evita esa tendencia al rencor más propia de adultos. Pero no se preocupen, o sí, todo evoluciona. Y cuando comienzan las etapas de alevines y se va complicando el final de la educación primaria, es lógico que en las mochilas del club se acumulen estados de ánimo que interfieren con el aprendizaje deportivo. Cuestión aparte son las afecciones familiares derivadas de conflictos graves como puede ser una separación o una pérdida de un ser querido. En esto la hipersensibilidad propia de la edad y el manejo de situaciones complejas requieren no solo un apoyo deportivo sino a veces profesional. Pero incluso así el fútbol puede y debe ser un estado de ánimo que ayude a mejorar el ánimo de ese particular estado. Un tema que podemos desarrollar en otro artículo cuando hablemos de las afecciones por circunstancias graves que nos puede tocar vivir en un club.

Me centraré, brevemente, en el ánimo situacional para comenzar un entrenamiento o partido analizando la motivación del chico o chica de forma que esa actividad sea enriquecedora ya sea por diversión y/o aprendizaje, con el fútbol como excusa. Por eso vemos llegar al club cada tarde diferentes estados de ánimo. Y suelen salir del mismo mejor de lo que han llegado. Hagan el experimento. Si salen más cansados ¿por qué están más contentos? Por una razón diferente a la de los adultos que nos alegramos al terminar nuestro trabajo. Los niños suelen salir contentos por lo que han disfrutado y porque queda menos para el fin de semana del partido (mira en esto sí se parecen a nosotros). En concreto el fútbol ha mejorado su estado de ánimo por lo que respecta al que han traído del colegio o incluso de casa. Ahora bien esta idea que entra dentro del sentido común podemos aplicarla, de forma científica, utilizando la psicología deportiva para mejorar el propio rendimiento deportivo a través del control del estado de ánimo. Tenemos instrumentos para medir el estado de ánimo. Sin ser muy espeso les comento uno que le llamamos POMS (de las siglas Profile of Mood Status) con el que se han realizado multitud de investigaciones. De forma muy coloquial les diré que los psicólogos seguimos estudiando el que se ha llamado perfil iceberg del deportista, algo sobre lo que profundizaremos en otro momento. Lo llamamos así porque la gráfica anímica que podría beneficiar la competición alcanza su máximo cuando se equilibran las habilidades del futbolista con los retos propuestos. En concreto vemos que el rendimiento mejora cuando no aparece la ansiedad por no poder alcanzar el objetivo, ni el aburrimiento si este es demasiado fácil. Como ven podemos aprovecharnos de, trabajar y modificar los estados de ánimo para mejorar el juego, tanto individual como de equipo, pero también sepamos servirnos del fútbol para que nuestros hijos sigan saliendo con una sonrisa del vestuario, con independencia del resultado.

      José Mendi

            Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psicología Deportiva (SAPD)

 

 

 

 

 

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