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FUTBOL CON AUTORIDAD

 

FÚTBOL CON AUTORIDAD

 

Un líder es un negociador de esperanzas. Es una frase que se atribuye a Napoleón Bonaparte. A este personaje histórico se le fue la mano, y posiblemente la cabeza, a base de invasiones pero la sentencia es buena. Quizás demasiado constructiva para alguien que no descansó hasta ser entronizado, por lo militar más que por lo civil. España pasó de la dominación francesa a la dominación de Fernando VII. Y los historiadores aún no se ponen de acuerdo sobre cuál fue peor de las dos. Menos mal que nos quedó Goya. En fin que si el general de la mano en el pecho dijo aquello, que no aplicó, tenía un sensato contenido. Decimos en psicología que no hay líderes sino estilos de liderazgo. Toda una declaración de principios. Es una tesis válida y aplicable a toda la sociedad. Funciona en la política, la cultura, las religiones etc. Cada situación determinada para cada grupo de personas concretas, exige un estilo de liderazgo diferente. No hay unos que sean mejores que otros. Hay liderazgos que son los más idóneos en función de cada variable. Y esa es la clave de que un equipo humano y deportivo funcione. Conocer, analizar y mediar para que consigan el máximo rendimiento en función del estilo de liderazgo que requieren. La dirección de un equipo corresponde fundamentalmente al entrenador. Pero también hay liderazgos de vestuario, de clubes y, a veces, de padres. Y si la orquesta de los liderazgos no encuentra la batuta idónea, al final todos desafinan. Se resiente la competición y las relaciones deportivas y personales que vuelven a retroalimentar un escaso rendimiento. El círculo vicioso del fracaso se vuelve contra todos sus protagonistas. Las soluciones habituales pasan por un cambio de entrenador, cambio de equipos en jugadores o salidas de club por parte de las familias. Conclusión, lo que era un grupo con potencial en el fútbol se convierte en restos dispersos que suman a un fracaso colectivo una decepción personal. Estamos más cerca de dejar el deporte.

El liderazgo está indisolublemente unido al concepto de autoridad. Pero la autoridad no significa necesariamente poder. El poder se tiene pero la autoridad se reconoce. Si los demás no respetan tu autoridad, por mucho mando que se tenga en plaza, no tienes el poder. Por lo tanto respeto y liderazgo sí que deben estar coordinados. Lo señalaba muy bien el jinete y medallista olímpico alemán Klaus Bakenjol. Decía que hay una gran diferencia entre ser un líder y ser un jefe. Los dos se basan en la autoridad. Un jefe demanda obediencia ciega; un líder se gana su autoridad a través de conocimiento y confianza. Por eso cuesta tanto ser un buen entrenador. Algo mucho más difícil que ser un entrenador bueno. Mi colega en psicología deportiva, Isabel Balaguer, establece 14 funciones de un entrenador. 1/ Instructor técnico, dirigiendo el entrenamiento 2/ Maestro, enseñando conocimientos 3/ Motivador, creando un enfoque positivo 4/ Juez, diseñando y legislando 5/ Director, liderando a los deportistas 6/ Administrador, solucionando problemas burocráticos 7/ Relaciones públicas, hablando con prensa y público 8/ Asesor, aconsejando 9/ Amigo, compartiendo 10/ Padre o madre, apoyando 11/ Científico, analizando y evaluando 12/ Actor, cambiando de papeles 13/ Político, relacionándose con estructuras de poder y 14/ Estudiante, escuchando, viendo y aprendiendo. De ahí que cuando un entrenador consigue satisfacer las necesidades y aspiraciones de sus jugadores y consigue que el equipo triunfe obteniendo victorias, se convierte en un líder efectivo. El problema está en la gestión de liderazgos cuando chocan entre sí. La existencia de varios líderes o liderazgos no es mala por sí misma. De hecho podría beneficiar a un equipo ya que podrían asumir mayor o menor importancia en función de los resultados y del crecimiento del equipo. Hay que contemplar el equipo de fútbol como un ser vivo multicelular. Y si quien dirige la orquesta sabe cuándo deben tener más pesos las cuerdas que los metales, estamos ante un gran director. Los liderazgos motivacionales pueden ser más necesarios en momentos en que se necesita un tirón. Los amables cuando hay que mediar. Y los alejados cuando hay que dejar jugar y crecer al equipo. Hay tantas situaciones diversas como estilos de liderazgos. Los psicólogos debemos conocerlas, de acuerdo con los entrenadores, para analizar comportamientos, aplicar técnicas y buscar soluciones. Solo les citaré un instrumento que utilizamos desde la psicología para trabajar en estas circunstancias: la escala específica para el fútbol LSS-3 (Leadership Scale Adaptation in Soccer).

 

Lo más importante es que con estos datos podemos intervenir para colaborar en el trabajo de entrenadores, jugadores y equipos facilitando los estilos de liderazgo más eficaces para mejorar el rendimiento competitivo de una plantilla. Muchas veces el sentido común puede ser nuestro gran aliado aplicando unas nociones básicas de psicología en edades complicadas como son la preadolescencia y sus alrededores. Dejar crecer también es facilitar liderazgos. No se trata de domar a los chicos ni de utilizar espuelas verbales para que corran o compitan mejor. Los mejores estímulos del fútbol están en el cerebro cuando nos ayudan a conseguir lo que queremos porque nos gusta lo que hacemos.

 

José Mendi

            Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psicología Deportiva (SAPD)

 

 

 

 

 

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