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LOS COCOS DEL FUTBOL

 

LOS COCOS DEL FÚTBOL

 

Nuestra personalidad se forja con una mezcla de genética heredada y de aprendizaje adquirido. En el deporte también se forma un futbolista gracias a unas habilidades con las que crece y otras que aprende. En etapas muy básicas cobra más importancia el tamaño del cuerpo que marca diferencias con otros niños y niñas. La corpulencia y la altura priman frente a otras habilidades. Conforme se van formando los cuerpos en la transición de la adolescencia ya no vale solo el físico. Se pide agilidad, rapidez, técnica y algo importante que solo se puede aprender con un buen magisterio. Me refiero a la capacidad de entender el juego y de prever los mejores movimientos, tanto propios como del adversario. Si se dan cuenta estas últimas frases podrían servir, perfectamente, para el ajedrez. Nadie nace siendo un gran futbolista y muy pocos llegaran a ser como Messi o Ronaldo por muchas horas que inviertan de entrenamiento. ¿Se sorprenden? Si nos damos cuenta veremos que esto pasa en todas las profesiones y aficiones. Por mucho que estudie y me esfuerce para ser un mejor psicólogo, reconozco que tengo y admiro a mucho mejores profesionales y especialistas como compañeros. Solo unos pocos en todo el mundo son reconocidos como figuras eminentes de la psicología. Y me sobran dedos de una mano para contar grandes referencias en mi profesión en los últimos cien años que sean reconocibles por la población en general ¿Y en su dedicación, no pasa lo mismo? Si a usted le gusta pintar o tocar un instrumento seguro que admira a ciertos artistas de talento que serán recompensados con el éxito multitudinario. ¿Somos unos fracasados el resto por no ser unos genios? No. Sencillamente no tenemos todas las habilidades congénitas imprescindibles para que una vez perfeccionadas con el aprendizaje nos convierta en unos seres únicos. El problema es que en un mundo tan competitivo, como el fútbol, donde se imponen figuras como ídolos en lugar de referentes de trabajo y aprendizaje, el esfuerzo queda en un segundo plano.

 

¿Entonces dónde está el secreto de la satisfacción? En disfrutar de la normalidad de un aprendizaje que va convirtiendo un juego en un deporte. Aprender a competir es bueno para el fútbol porque es necesario para jugar en cualquier liga sea a la edad que sea. Pero es más importante para la vida que también es y va a ser pura competencia. Es más aburrido para un niño aprender a competir en el colegio donde se va a encontrar un ámbito menos atractivo que el del balompié. Es dura la competencia en casa con otros hermanos o sin ninguno, o en un ambiente de ruptura familiar que dificulta la adaptación a múltiples cambios. Es compleja la competencia en la calle porque su ley es agresiva por inadaptada para los menores y cuenta con riesgos y peligros incomprensibles cuando pensamos que todo el mundo es bueno. De ahí que desde la psicología en el deporte insista en la integración de un modelo que coordine los elementos básicos de desarrollo y aprendizaje en los niños. Lo que llamo el modelo de las cuatro “c”. Casa, calle, colegio y club. No significa que todo deba funcionar perfectamente. Un niño modélico que sea buen estudiante, mejor jugador, encantador en casa y socialmente se adapte a todo no es que sea modélico, es que será un brillante. Aunque quizás convendría realizarle una analítica para comprobar el nivel de criptonita en sangre. Es decir nuestro ideal no es un ejemplo de perfección global sino que alguno de esos cuatro elementos nos tendrá que ayudar a equilibrar o mejorar otros factores en los que no destaque o no tenga tantas habilidades. Es un modelo de vasos comunicantes en el que podemos ayudarnos mutuamente entre profesores, familias y entrenadores para mejorar, entre todos, las condiciones sociales, educativas y deportivas de un niño.

 

Esta integración global tiene un desarrollo específico en el fútbol para aprender a implantar en cualquier club el modelo de éxito para este deporte. Es de sobra conocido. La capacidad de convertir una plantilla en un equipo. Es el mayor éxito de todo entrenador. Se necesita paciencia de los jugadores para dejarse enseñar, de los padres para dejar que sus retoños vayan aprendiendo sin obsesionarse con subir de categoría a nivel supersónico y de los clubes para no dejarse llevar por el vértigo a perder la categoría o por la necesidad acuciante de un ascenso. Algo muy difícil que requiere de la confianza y el apoyo para que los entrenadores sean profesores del deporte y no meros motivadores de victorias. Para ello debemos abordar un nuevo modelo en el que los psicólogos deportivos tenemos mucho que decir y hacer. El modelo “cocos”, lo llamo yo. Por cierto suele hacer gracia a los adolescentes que se lo explico ya que suelen tener un exceso de “cos” menos creativos en su lenguaje. Pero el caso es que tras las primeras risas se acaban quedando con el nombre y con lo que es más importante, con la idea. Se basa en tres principios A) Compromiso B) Cooperación y C) Concentración. Cualquier grupo que comparta este esquema de trabajo de forma colaborativa para obtener un resultado, ya funciona como un equipo competitivo, con independencia de los resultados. Es la mejor noticia para un club de fútbol base y sus componentes. Falta paciencia, mentalidad y recursos para implantar esta metodología de trabajo en el fútbol base. Falta tiempo para dejar crecer a los niños, tanto en su madurez deportiva como mental. Echamos de menos una mentalidad más formativa y menos competitiva en los formatos de ligas y normativas que nos ofrecen la Federación y en las necesidades agobiantes de los clubes. Y hay una escasez de recursos que dificultan la implantación de la psicología deportiva como un área básica en el funcionamiento de cualquier entidad con una estructura de planificación que redundaría en las familias, los equipos y, sobre todo, en los niños y niñas que son y deben ser los protagonistas de este deporte que practican para aprender y crecer de forma exitosa y competitiva sin necesidad de ser unos genios del fútbol. Eso sí, como hijos, son y serán unas estrellas únicas. Buenas fiestas del Pilar y aprovechen el descanso liguero para compartir la diversión con ellas y ellos fuera del césped.

     José Mendi

            Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psicología Deportiva (SAPD)

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